Esta noche me encuentro en casa de una amiga (mi mejor amiga de hecho), sin preeverlo además de no ser esa mi intención compartí fragmentos importantes de mi vida y he de confesar que no me fue sencillo hacerlo puesto que me sentí como un ratón descubierto a mitad de un cuarto vacio en busca de algo que había perdido: la seguridad de su silencio, pero la recompensa fue grandiosa por no decir que fantástica; me invitó a dormir en su casa -ésto es lo de menos- pero sentía que alguien me tenía confianza, esa confianza que no se dice tener sino que se expresa con una mirada tierna y dulce e inclinando un poco el rostro se dirigen a ti con una gran sonrisa de esas que invitan a corresponderles con la misma expresión, con esa mirada que penetra y modifica todo tu interior, que evoluciona y revoluciona ideas en tu mente, una mirada amorosa. Extendió sus manos y las envolvió con las mias, acercó sus piernas acomodandolas entre las mias haciendo que mis rodillas acariciaran por varios y largos periodos de tiempo la parte interior de sus muslos, ella hacía lo propio con los mios. Inclinó su cuerpo quedando apoyada por los codos sobre sus muslos que en realidad uno era de ella y el otro era mio pero así se apoyó y no me molestó para nada, mi rostro estaba escasamente a pocos centímetros de su boca que sólo hablaba cosas dulces -he de decir que se me antojó de ella un beso-, me dijo que tenía sueño, que si por favor me quedaba con ella en su recamara, que me acostara para abrazarla y contándome sobre su breve historia del mundo se durmió al poco rato...
La vi dormir, no es la primera persona a la que veo hacerlo, no obstante me partió el alma y parió su figura una esperanza y tranquilidad en -no encuentro el adjetivo, pero entiéndase que en algo sumamente profunto y particularmente especial-. Tomé con mis labios un mechón de su cabello, olfatee su nuca, la abracé más todavíay soltó un ligero "quejido" que más bien fue como un sonido de satisfacción, acarició con sus manos las mias y siguió durmiendo...
Por más que lo intenté y apollando mi cabeza en su hombro no pude más que contemplarla. después de un largo rato y percibiendo las muestras evidentes de un dormir profundo me dispuse a escabullirme para quizá observarla desde otro punto de la habitación o simplemente para largarme, luego de algunos sigilosos intentos lo logré. Iba yo a sentarme en una silla que es usada para estar fente a la computadora de su cuarto para seguir mirando, pero comprendí que ya no había nada nuevo que descubrir asi que, sali de su cuarto y me encontré que su mamá iba de salida con el padrastro de Aida, para no hacer el cuento largo resultado de una gran negociación y un clásico choro que a veces suelo aventar con total exito, me la encargaron diciéndome que no volverían hasta como las cero horas. La verdad no quería estar más tiempo en su casa, pero bueno no sé por qué convencí a sus padres de que yo me encargaría de todo.
ahora estoy aqui esperando a que ella despierte para cenar, no voy a despertarla puesto que se ve tan apacible como un ángel.
Termino este relato con la certidumbre de que mañana pasaré todo el día en esta extraña casa, cotorreando como hoy y quizá se torne un poco tierno todo este asunto. Hoy no lo sé de cierto.